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Reflexiones sobre el trabajo

A mediados de los 90 mi padre se había quedado en paro. COMATOR, la Cooperativa Madrileña de Tornillería que fundó con su hermano y un grupo de trabajadores emprendedores, se fué al garete gracias en parte a los daños colaterales generados por la venta de PEGASO a IVECO. Las piezas empezarían a llegar desde Italia y por tanto los proveedores españoles… lo pasaron muy mal.

Dejada atrás la época como tornero, se puso manos a la obra para sacarnos a flote con lo que pudo, con la inestimable ayuda de mi madre, que no ingresaba dinero pero hacía que nos lo ahorráramos dándose unos paseos terribles para comprar el pan una peseta más barato o comprar la fruta a granel para alimentar nuestro apetito feroz por las manzanas y las naranjas. ñam!!

Después de años de construir/reformar la casa de la familia en el pueblo decidió probar como albañil de reformas junto con mi tio Julián y con la ayuda puntual de unos y otros, mi primo Florencio “Flores” como uno de los más “fijos”. Otro de ellos era yo. Para mí suponía un esfuerzo de la hostia aunque supongo que para ellos no era más que arrimar el hombro cuando hacía falta y seguramente su impresión fuera que sólo invería unas horas. Al principio las que me sobraban de mis estudios, luego las que me sobraban de mis estudios y de otros trabajos en Itaca o Cadyssa a través de las empresas de trabajo temporal.

Desde entonces he ido intentando fijarme un modelo de conducta respecto al trabajo, unas herramientas de cómo encarar las cosas con una sonrisa a sabiendas de que tienes unos principios y que pase lo que pase, tienes algo a lo que serle fiel.

Algunas de esas reflexiones me han ayudado mucho:

Si quieres que algo cambie, empieza por cambiar algo

Me repito: no le eches la culpa a los demás, empieza tú a cambiar algo y a ver cómo reaccionan los demás. Muchas veces lo único que necesitan es que alguien de el primer paso con naturalidad.

 Si sólo trabajas, para qué coño trabajas

Esto lo pienso cada vez más. Me considero un hardworker (no uno que hardly works) como me dijo un día mi colega Sergio Benito, pero tengo que aprender a buscarle el sentido, las razones, las ocupaciones que hagan que el trabajo sea un medio, no un fin en sí mismo.

La diferencia entre sentirse importante y sentirse imprescindible, se traduce en varias úlceras y mucho estrés

Como dice Javier Alcaraz, no somos controladores aéreos ni cirujanos de urgencia. Añado, nos hemos convertido en creativos convenience, en vending machines de la creatividad y el diseño. Sentirnos importantes a los ojos de un cliente nos ayuda mucho, al menos a mí. Me anima a levantarme pronto por las mañanas y acostarme tarde si es necesario. Que me hagan sentirme imprescindible (¿y si no estás tú qué hacemos?) sólo me ha añadido una presión que no era mía. Yo me planifico ¿y tú?. Lo que no podemos es vivir esperando que alguien crea que tener una idea feliz que ha de estar “para ayer”.

No se pueden hacer dos medios-días largos

Esta frase es de mi padre. En esencia, si estás en una cosa no puedes estar en otra. Si tienes un trabajo que terminar y alguien te pide algo, o dejas lo anterior o aparcas lo nuevo. Lo que no se puede hacer es trabajar de 8:30am a 2:30am durante media vida. Yo todavía estoy intentado recuperar mi cuerpo y mente de esos abusos.

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