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El vacío

La angustia, la ansiedad, el dolor, el hambre, la soledad, la derrota, el cosmos… es curioso cómo el vacío define tantas cosas y sin embargo explica tan pocas.

Un agujero en el estómago, un sentimiento de pérdida, de ausencia, es el síntoma de tantas y tantas cosas. La forma de llenar ese hueco quizá sea lo que nos define. Comemos, jugamos, amamos, gritamos, cantamos… todo para huir del vacío, para llenar nuestras vidas de razones, para colmar nuestras necesidades. ¿Y qué son las necesidades sino la ausencia de algo? ¿qué son los deseos sino la articulación de los vacíos que nos hemos creado? Me falta un coche, me faltan unos pantalones, me falta viajar a la India, me falta… quiero, deseo, necesito… porque no lo tengo.

El Marketing y la Astrofísica tienen más cosas en común de las que así dicho deprisa pudiera parecer. No me refiero a que Brian Cox o Sonia Fernández Vidal sean productos del Marketing, aunque algunos anunciantes y creativos deberíamos aprender de su capacidad para comunicar, y ni siquiera que la alineación de los astros o el polvo de estrellas sea la que inspire a los gurús del marketing, que lo mismo sí. Me refiero a que en gran medida el vacío es la plataforma para ambas disciplinas. El Marketing se alimenta de nichos, de huecos, preexistentes o inducidos, pero de esas ausencias genera un intercambio económico. La Física se cuestiona sobre el vacío, sobre ese espacio entre las cosas sin el que las cosas serían. Sobre esa nada que da sentido a todo, esa materia desconocida que es la mayor parte de lo que nos forma a nosotros, y de lo que forma el cosmos.

Quizá el uno tiene que aprender de la otra y viceversa. Pero vamos, como cualquier disciplina, desde la Química a la Antropología social o la Fontanería. El vacío ayuda a definir tantas cosas que quizá por eso explica tan pocas, porque está tan omnipresente que lo que asume el foco es a lo que llamamos seres. Como si el vacío no existiera. No me atrevería yo a llamarlo “la Nada”. Y mucho menos desde que Planck y “el cuanto de acción” se cruzaron brevemente por mi vida. El vacío como tal “desaparece”.

La Nada es algo. El vacío es la tubería por la que potencialmente se moverá el agua, el vacío se hace materia oscura que explica las fuerzas que nos mueven y nos mantienen, el vacío se hace átomo esperando ser completado, el vacío se hace persona que nos completa, se convierte en el coche que nos satisface, la casa que “queríamos”… el vacío es la oportunidad de llenar el cubo de algo, el pretexto de la innovación para saber de qué llenarlo. Todo empieza con una hoja en blanco que nos permite ser escrita. Si estuviera escrita tendríamos que borrarla. Si el nicho estuviera lleno tendríamos que luchar con la competencia, si el cosmos estuviera petado de lo visible, no se vería nada realmente, como en un mono de un conductor de F1.

Todo esto no es más que mi forma de dar gracias porque existe el vacío. Algunos lo temen (horror vacui) sobre todo cuando se hace un diseño y te piden “aprovechar ese hueco para…” sin darse cuenta de que el espacio en blanco es lo que da relevancia al resto. Pero además es que es esa pulsión, ese vacío, el que tira de todo lo demás. Por luto, por hambre, sed o deseo, por el placer de lo que no conocemos, por la aventura de dar forma a las cosas.

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