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El agua en su justa medida

El agua es básica en su justa medida. No es lo mismo tomarse un buen buchito de agua fresquita, en un día de calor, a las cuatro de la tarde, en la estepa manchega, con ese polvillo que se levanta con la soflama. Esa agua fresquita que se te cae por la babilla y se lanza al canalillo, arggghhhhh

Otra cosa es el agua por exceso. Recuerdo un día de octubre, buena temperatura en Donosti. Me meto en el agua, esa ola que viene, ese yo que no la ve. Ese revolcón. Ale agua, toda la que puedas querer. Todo el Atlántico norte dispuesto a darte agua, la que necesites. Igualmente fresquita, como ese buchito, pero un pelín más salada. Puag, con ese saborcillo a alga, como si estuvieras comiendo sushi pasao. Y tú que intentas gritar, y el agua que te entra. “Debajo del maaaaaaaaaaar, debajo del maaaaaaaaaaaaar” Puto Cangrejo Sebastian. Entonces el mar se retira y tu sales del mar, mareado, como su propio nombre indica. Con un sabor de boca que sabes que no te lo quita ni tres litronas de Mahou. Con el cuerpo como si te hubiera revolcado Celia Blanco y más tierra en el culo que una estatua de barro. Fingiendo que nada pasa, mirando a derecha y a izquierda mientras recuperas el color en la cara y la autoestima…. “Qué es eso, una medusa¿?”. “No, es una bolsa del Carrefour”. Madre de Dios, la mierda ya ni con agua se quita.

El agua, amigos… en su justa medida. Katsushika Hokusai, un crack!

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