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¿año sabático?

Dicen (la wikipedia) que los hebreos dejaban la tierra en barbecho, sin trabajar, al sexto año, para que esta se repusiera y volviera a ser productiva. Supuestamente viene de ahí lo del “año sabático”.

Antes de que Guardiola y compañía revivieran el término, yo llevaba meses pensando en tomarme un período de descanso. Dedicarse a pensar, idear, generar, crear… cansa mucho. Si lo haces en bloques de 16 horas y durante varios años, puede matarte.  La verdad, mi profesión actual como “creativo” no me cansa tanto como cuando cargaba sacos de cemento (entonces eran de 50 kilos) mientras ayudaba a mi padre a hacer reformas para mantener a flote la economía familiar, pero me agota más. Me quema. Me vacía. Quizá porque antes siempre tenía un martillo, un pico o algo que me permitía quemar frustraciones. No sé. Pero como creativo en algún momento notas que estás sobre-explotado. Que necesitas un tiempo de barbecho, de abonar de nuevo para que lo que salga sea más lustroso, tenga buena pinta… sea mejor.

Me considero una persona luchadora, trabajadora y generalmente optimista. Quejica, crítica… pero optimista. Me hablan de 5 millones de parados y yo veo a 17 millones de trabajadores levantándose cada mañana a pesar del IBEX, de la prima de riesgo, de los bonos a 10 años y de la troika que acecha… 17 millones que intentan ayudarse a sí mismos, a su entorno y a esos 5 millones que no tienen tanta suerte. Ahora me cuesta el doble plantearme tomarme un período de re-aprender, de explorar, de descansar y quizá escribir o terminar lo que ya tenía.

Es fácil decir que los españoles son vagos, que la productividad es una mierda… pero a diario me cruzo con gente que no tienen nada que envidiar a esos que quieren darnos lecciones. Profesionales que apagan los fuegos de su trabajo, que cubren las miserias de unas costumbres heredadas que no ayudan a motivarse (90 días fecha factura, ley concursal, burocracia). Sin esa gente no podría haber aguantado tanto. Por esa gente aguanto un poco más, porque la verdad, sería feliz en cualquier trabajo en que tuviera algo de contacto con gente buena, con gente con imaginación y ganas de innovar. Haciendo quesos o cultivando tomates, reponiendo leche en un centro comercial, o ayudando a mi padre a hacer reformas. Aunque prefiero que siga retirado, la verdad. 60 años de trabajo fueron bastantes. Él no se tomó años sabáticos. Mi madre tampoco. Alguna vez he intuido que se arrepentían de no haber podido hacerlo. Por mí entre otras cosas.

Por mí es por quién lo haría yo ahora. En estos años he sumado muchas experiencias, grandes desengaños, decenas de kilos de más, achaques por doquier…

No soy de necesitar muchas cosas, no tengo propiedades, ni hijos (de momento) y no me asusta trabajar de lo que sea, dónde sea, y eso me da una libertad que muchas veces es complicado de entender para los demás. Si paro hoy mismo y desaparezco para mis clientes, algunos lo notarían, pero seamos sinceros, “a rey muerto, rey puesto”. Si no pilla a mitad de un proyecto o con algo sin terminar, podrían sobrevivir y medio olvidar. Se acordarían más a medio plazo. Quiero pensar que pensarían en mí, pero no tanto por los proyectos concretos que hayas sacado a flote, sino por la ética del trabajo, por la honestidad, la sonrisa, la solución y el comentario sincero. Si marcas tus estándares y vives sobre ellos, no importa que desaparezcas un tiempo, siempre habrá un sitio donde volver. Aunque no sea donde estabas antes. Sólo hay que olvidar el miedo a reinventarse. Al fin y al cabo, vida, de momento, sólo tenemos ésta.

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